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Arquitectura

Cómo se diseña un estadio moderno

Antes de dibujar una sola grada hay que decidir hacia dónde mira el campo, cuánta gente cabe en el vestíbulo y en cuántos minutos se vacía el recinto. El resto del proyecto es consecuencia de esas tres respuestas.

Núria Bastida · Redacción de recintos

Publicado el · Actualizado el

Tribuna con cubierta metálica en voladizo sobre un graderío vacío junto a una pista de atletismo
La relación entre la cubierta, la última fila y la pista es el primer dibujo de cualquier proyecto de estadio.

Existe la idea de que un estadio se proyecta de fuera hacia dentro: primero la imagen del edificio y después su interior. En la práctica ocurre lo contrario. El punto de partida es siempre el terreno de juego, con sus dimensiones fijadas por el reglamento del deporte principal, y a partir de ahí se levanta todo lo demás como una consecuencia geométrica. La fachada es lo último que se decide, y casi nunca es lo que determina si el recinto funcionará bien.

Uno. La orientación manda

La primera decisión es hacia dónde mira el eje mayor del campo. Un estudio de asoleamiento cruza la latitud del emplazamiento, el horario habitual de las competiciones y la trayectoria del sol a lo largo del año. El objetivo es doble: evitar que el sol de tarde caiga directamente sobre los ojos de quien juega en una dirección concreta y garantizar que el césped reciba suficiente luz durante los meses de menor radiación.

Ese segundo requisito es más exigente de lo que parece. Una cubierta amplia proyecta sombra permanente sobre una parte del terreno, y la hierba de esa franja crece peor durante todo el invierno. Los recintos actuales resuelven el problema con cubiertas parcialmente traslúcidas, con equipos móviles de iluminación agronómica o, directamente, aceptando una orientación menos cómoda para el público a cambio de un césped uniforme.

Dos. La curva de visión define la grada

Con el eje fijado, se traza la curva de visión: la línea que garantiza que cada espectador vea por encima de la cabeza del que tiene delante, tomando como referencia el punto de juego más cercano y desfavorable. De ese trazado sale la pendiente de cada anillo, la altura de cada peldaño y, en última instancia, el volumen del edificio.

Aquí aparece la primera tensión real del proyecto. Cuanto mejor es la visión, más empinada es la grada; cuanto más empinada es la grada, más severas son las condiciones de evacuación y más caro resulta el sistema de pasillos, barandillas y salidas. Un recinto de altas prestaciones visuales es, casi por definición, un recinto con más escaleras y más personal de sala.

«Un estadio no se dimensiona por cuánta gente entra, sino por cuánta gente puede salir con comodidad en unos pocos minutos.»

Criterio recurrente en los manuales de seguridad de recintos deportivos

Tres. El vestíbulo es la sala más importante

Detrás de la grada está el espacio que decide la calidad de la visita: el vestíbulo de distribución, o concourse. Es donde el público se reparte, hace cola, se refugia si llueve y accede a los aseos. Su anchura se calcula a partir del número de personas del sector al que sirve y del tiempo que se estima que permanecerán en él antes y después del acontecimiento.

Los recintos antiguos suelen quedarse cortos precisamente aquí. Se construyeron cuando el público llegaba con menos antelación y consumía menos servicios dentro del edificio, así que sus vestíbulos son pasillos estrechos que hoy se saturan. Muchas de las reformas contemporáneas no tocan el graderío: amplían el vestíbulo, y esa obra invisible transforma la experiencia más que cualquier cambio de butacas.

Graderío vacío con carteles de salida iluminados sobre los pasillos de acceso al sector
La señalización de salidas no es un añadido: su posición se calcula al mismo tiempo que la pendiente del graderío.

Cuatro. Accesibilidad repartida, no concentrada

Durante décadas, las plazas para personas con movilidad reducida se resolvieron con una plataforma junto a una esquina, al nivel del terreno de juego y con una perspectiva pésima. El criterio actual es el contrario: repartir esas plazas por sectores, alturas y precios, con un asiento de acompañante junto a cada una y un itinerario horizontal hasta los aseos adaptados y un punto de restauración.

Aplicar ese criterio en un edificio existente obliga a suprimir filas completas y a rehacer barandillas, lo que reduce el aforo. Es una de las razones por las que las cifras de capacidad de muchos recintos han bajado tras sus reformas, y también una de las razones por las que esa bajada es una buena noticia.

Cinco. Lo que se decide al final

Solo cuando la geometría está resuelta entran en escena los elementos que el público asocia con la idea de estadio moderno: la piel exterior, el color de las butacas, los marcadores, la iluminación arquitectónica. Son decisiones importantes para la identidad del edificio y prácticamente irrelevantes para su funcionamiento, y por eso pueden cambiarse en una reforma menor sin tocar la estructura.

Hay una excepción. La iluminación deportiva sí condiciona la forma: sustituir cuatro torres de esquina por proyectores integrados en el borde de la cubierta obliga a que exista una cubierta perimetral continua y capaz de soportar esa carga. Es el motivo por el que las torres han ido desapareciendo del paisaje de los recintos nuevos, y no una simple moda estética.

Claves para leer un proyecto. Fíjate en tres cosas cuando veas la sección de un estadio: la distancia entre la primera fila y la línea de banda, la profundidad del voladizo de cubierta y el número de vomitorios por sector. Con esos tres datos se puede anticipar casi todo lo demás.

Un estadio bien proyectado no se reconoce por su fotografía exterior, sino por detalles que solo se notan estando dentro: que nadie se levante para ver una jugada junto a la banda, que la cola de un aseo no invada el pasillo de circulación y que al terminar el acontecimiento el recinto se vacíe sin embudos. Esos tres indicadores dicen más de la calidad de un proyecto que cualquier renderización.

En la guía de arenas aplicamos estos mismos criterios a cuatro tipologías distintas, y en el desglose de superficies explicamos cómo el pavimento completa lo que la geometría empieza.